Miércoles 13 de Marzo de 2019
¡Cuando nos comprometemos a no balconearnos la vida!

Cuando el Papa nos propone no balconearnos la vida apunta en contra dela indiferencia con los demás, por ello decidirse a no hacerlo significa ir contra corriente y ser un reformador de nuestra vida cotidiana. En efecto, es empatizar con los otros en el trabajo, en el vecindario, y en el propio hogar.
En tiempos de indiferencia al dolor ajeno, de descalificaciones intestinas, de desconfianza en las instituciones, autoridades, vecinos, inmigrantes, empresarios, en todo lo ajeno, es necesario en justicia y en prudencia, en fortaleza y templanza, re sintonizarnos en valores comunes, respeto y generosidad. Ello no para aceptar la corrupción, el robo o la usura, sino para crear lazos entre las personas y a la vez impulsar un renovado sentido de comunidad. Posiblemente no balconearnos la vida conllevará en el tiempo a menos delitos, básicamente porque contrarrestará la causa primera de la ambición desmedida y el sinsentido social. Sin embargo, crear comunidad no es una estrategia social para un fin superior, es en sí el fin último de la buena vida humana. Es decir, no es un medio, es un fin político que nos entrega armonía y paz social.
No participar de los asuntos públicos, vivir una “dolce vita”irresponsable o no interesada en los demás, no solamente es una actitudegoísta, sino que nos condena a la insatisfacción permanente y a la alegría superflua. Reencontrarnos y entender nuestro pasado y futuro común en clave de comunidadnos devolverá el interés por el otro, renovando así la legitimidad de la política.
Los valores surgen en contextos de amor y compromiso social, sin ellos nos extraviamos yllegamos a situaciones como el actual individualismo predominante, el cual se ampara engañando al intelecto al señalarleque la felicidad es sinónimo de tener, o que ser feliz es hacer lo que queramos con nuestras vidas sin medir el impacto o efecto sobre la de los demás.Ello ha contribuido a crear una sociedad enferma, queintenta olvidar que necesitamos de los Otros porque en definitiva tenemos una natural inclinación a la comunión, en la cual nos cultivamos y nos desarrollamos como personas humanas, capaces de amar a los demás y así establecer una amistad cívica.
En consecuencia, no balconearse la vida es vivirla intensamente atento a los demás, es empatizar con el prójimo y no ser indiferente a los anhelos, derechos y aspiraciones de los demás, pero por sobre todo es a no pre-juiciarnos, es tender puentes, resolver nuestras diferencias por medio del diálogo, es interesarse por el otro y apoyarlo cuando sea justo. Es vivir un compromiso social, es vivir despiertos en y para la comunidad.

Jaime Abedrapo, académico Facultad de Derecho y Gobierno. U. San Sebastián


 
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