Miércoles 10 de Julio de 2019
AMARILLO

Según el INE los emigrantes eran 500.000 en 2014. Hoy son 1.251.225 personas, la mayoría entre los 20 y 39 años. Gente joven. Hay 288.233 venezolanos, 223.923 peruanos,179.338 haitianos. Notablemente, no han influido en la tasa de desocupación que continúan en torno al 7.1 % ni tampoco han presionado a la baja el costo real de la mano de obra.
Al ingresar y ante la imperiosa necesidad de lograr un empleo una alta proporción se ocupa en trabajos no calificados tales como servicios doméstico (27 % según INE y Clapes UC) en forma transitoria mientras logran reubicarse de acuerdo a sus conocimientos y capacidades. Los venezolanos tienen un nivel de escolaridad de 15,6 años, superior a la media de los chilenos de 11 años lo que los habilita para no iniciarse en trabajos no calificados como es el caso de peruanos, bolivianos y colombianos que suman el 60 % del servicio doméstico extranjero.
Según la encuesta del CEP de 2017, un 40% de los chilenos tenían la percepción de que los inmigrantes le quitan el trabajo a los chilenos, hecho que no concuerda con la tasa de desocupación que no ha aumentado significativamente comparado con el aumento de inmigrantes. Es un hecho comprobado que los chilenos han ido abandonando el mercado de servicios domésticos, en particular el de puertas adentro y ese segmento está siendo ocupados por por inmigrantes, al igual como ha ocurrido en países desarrollados. En 1990 un 15 % de las mujeres prestaban servicios domésticos, proporción que hoy es de 8 % y menos de 2 % para los servicios puertas adentro.
Desde una perspectiva de largo plazo, la población nacional está envejeciendo como lo demuestran el índice de dependencia demográfica. Los estudios de la ONU muestran que en 2015 en Chile había 6 personas activas (15 a 64 años) por cada una de 65 años o más, y en 2050 habrá solo 2 por cada mayor de 65. La edad promedio de los inmigrantes está entre los 24 y 39 años lo que producirá un retraso en el avance de la dependencia además de representar, al menos entre los venezolanos inmigrantes una escolaridad mayor en 4 años a la chilena. Incluso los hijos de inmigrantes que rinden la PSU en 2006 fueron 165 y en 2018 pasó de 5.500, con un resultado creciente en los puntajes obtenidos. Este hecho constituye un importante aporte de capital humano el futuro.
Ante este escenario llama la atención a la desatención política respecto del status de los inmigrantes. Pareciera que ningún político atina a dar el primer paso, talvez por temor a que la CUT o al PC, que por falta de información, los critiquen porque generarían una competencia “desleal” si se les facilita la regularización para insertarse en el país en condiciones de igualdad con los nacionales. Otros piensan que es un peso muerto para el país pero lo ocultan para no aparecer negando los derechos humanos. Los organismos internacionales como la ONU, OIT y otros como el que dirige Bachelet no pasan más allá de prédicas inoperantes.
En los años 50 al 70 hubo corriente migratorias por diversas razones como el deseo de disfrutar de las oportunidades en el mundo desarrollado o la huida de sus países donde eran perseguidos o amenazados por gobiernos autoritario de izquierda y de derecha. Surgió la idea de otorgarles una identificación, el pasaporte amarillo. Una vieja idea que usó Jan Valjean, el personaje de Los Miserables de Victor Hugo. Lo resucitó Raúl Ruiz en 2009 pero sin consecuencias prácticas. Algunos pensaban que fue una iniciativa de la ONU, pero no fue así. En 1954 lo creó una ONG privada norteamericana, World Service Authority como respuesta a la declaración universal de los derechos humanos aprobada en la ONU. Solo10 países lo aceptaron y otro tanto no lo reconocen (Usa, Canadá, Unión Europea, Japón).
El pasaporte amarillo renació a raíz de la existencia de apátridas como resultados de cambios de soberanía como fue el caso de los nacidos en Danzig que en 1939 fue anexada ar Alemania y después de la guerra a Polonia. La descolonización de Africa y parte de Asia creó otros casos semejantes. Mas recientemente la guerra de los Balcanes terminó con Yugoslavia, surgiendo una seria de países nuevos y la anexión de Crimea nuevamente a Rusia deberá crear otros casos con los ex ucranianos nativos de esa península.
El consejo de seguridad de la ONU ha intervenido militarmente en algunos casos como Corea, Haití, Yugoslavia al igual como los árbitros del box cuando ordena separarse del clinch a los beligerantes. ¿Por qué la Secretaría de los Derechos Humanos no se pone un casco azul y lo crea en favor de miles y millones de emigrantes trasplantados en todos los continentes?
¿Por qué no lo hacemos nosotros en Chile ya que poco puede esperarse de la incompetencia de la ONU? No debiéramos esperar más en otorgar identidad legal chilena a todos quienes lo soliciten condicionados a su ratificación después de un año en que los beneficiarios muestren que se han adaptado y llevan una forma de vida honorable en su nueva patria.
Javier Fuenzalida


 
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