Martes 10 de Diciembre de 2019
Y la culpa si era tuya, por lo que veías y no decías

La canción “Un violador en tu camino” de la agrupación feminista  “Las tesis”, ha incentivado que  muchas mujeres  denuncien que han sido víctimas de abusos y violaciones sexuales o  mejor dicho que estas rompieran   “SU SILENCIO”, el cual   han sabido  guardar  bajo siete llaves   a través de los  años con el respectivo sufrimiento que ha  nublado y limitado su existencia emocional  en el transcurso de sus vidas.
Una cruda realidad escondida; muchas veces sabida y silenciada  por el miedo  al qué dirán;  al temor, a un sinfín de descalificaciones o a la culposa vergüenza que muchas veces se ocultaba por diversas decisiones y circunstancias  personales de las víctimas y su entorno más cercano.
Esta decisión,  en  no  hacerlo público y por ende en denunciarlo a las autoridades pertinentes ampararon esta trágica realidad de la que hoy somos asombrados testigos; ¡craso error esta silente omisión!
Unos padres, unos abuelos;  unos tíos o hermanos o primos,  ya con discernimiento, o tal vez, cualquier otra  persona  ligada  a su entorno familiar y formación educacional  tendrían que haber reaccionado prontamente al sospechar en lo más mínimo de estos supuestos abusos  que esta niña o niño estaban sufriendo.
 El miedo a hablar y a las consecuencias  culposas que puedan aflorar por una supuesta equivocación al  juzgar mal ante una sospecha de abuso sexual, dificultan  muchas veces estas reacciones,  paraliza  o  enceguece la visión y  retarda la determinación  de no  denunciarlo a tiempo.  No  se dimensiona, ni se  considera el daño que provocamos con la  costumbre de pensar que somos nosotros los que estamos  presumiendo mal;  que  son  solo sospechas  y conjeturas equivocadas  e imaginamos  y  suponemos que son otras formas de vida  y nos damos explicaciones, como por ejemplo, que si no afectan de forma directa  a nuestros hijos no es problema nuestro;  lo que a la larga, cuando estos abusos se descubren  provocan un gran  derrumbe colateral en  nuestro entorno con las respectivas y  eternas cicatrices en las vidas de las víctimas  con  los cambios evidentes en su sexualidad; vale decir, un rechazo obvio  a las relaciones íntimas de pareja o una promiscuidad muy preocupante al no  haber sido  estas  tratadas psicológicamente  a tiempo.
“Y la culpa no fue tuya, ni dónde estabas, ni como vestías”; el violador fue  el tarado y desequilibrado  mental   que no razonó tu forma de vestir, tu feminidad,  tu inocencia de niña y te violentó sexualmente;  y la culpa si pudo haber sido nuestra si lo hubiésemos sabido con certeza que te abusaron  y no lo dijimos.
Además  está  claro, que nuestra nación en un gran porcentaje es un ecosistema humano machista y opresor, que  debe ir equiparándose   y cambiando ya, prontamente; de un estado en el cual impera el patriarcado a un estado más simétrico en lo que respecta a sexualidades ;  debemos de aprovechar la naturaleza femenina en la redacción de nuestros nuevos estatutos constitucionales, que estos tengan la pluma  femenina, ya que estoy un 100 % seguro, que por el solo hecho  de llevar  vida en sus vientres,  las creaciones de las futuras leyes serían  mucho mejores,  que si solo fuesen  redactadas por hombres.

HUBERZZA


 
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