El precio de alimentarse: cuando el clima y la economía global llegan a la mesa

El alza sostenida en el precio de frutas y verduras no es una percepción subjetiva. Es una realidad que afecta directamente el bolsillo de las familias, especialmente durante los meses de invierno, cuando confluyen factores climáticos, estacionales e internacionales que encarecen productos esenciales de la dieta diaria.
Durante esta época del año, los sistemas frontales que afectaron especialmente a la zona centro-sur y hoy al norte del país provocaron anegamientos en terrenos agrícolas, cortes de caminos y pérdidas de cultivos de ciclo corto como lechugas, espinacas y acelgas. A diferencia de los cereales, que pueden almacenarse, las hortalizas son productos perecederos: si no se cosechan y comercializan a tiempo, se pierden. Esa fragilidad explica por qué un temporal de pocos días puede traducirse en alzas inmediatas en ferias y mercados.
A lo anterior se suma la estacionalidad propia del rubro. Productos como el tomate, el pimentón y el zapallo italiano reducen drásticamente su oferta en invierno, y la producción bajo invernadero que los suple implica costos significativamente mayores. Según datos de ODEPA, las variaciones de precio entre temporada alta y baja pueden superar holgadamente el cien por ciento.
El escenario se agrava al incorporar variables internacionales. Chile importa gran parte de sus fertilizantes y agroquímicos, cuyos precios se encarecieron a nivel global tras el conflicto entre Rusia y Ucrania en 2022. Si bien han descendido desde sus valores máximos, no han retornado a niveles previos a la pandemia. El costo del diésel, determinante en el transporte desde las zonas productoras del centro del país, también responde a las fluctuaciones del mercado petrolero y al tipo de cambio y esta semana tuvo un alza relevante.
Existe además un problema estructural: la brecha entre lo que recibe el agricultor y lo que paga el consumidor final. Esa diferencia, mediada por intermediación, transporte y márgenes comerciales, amplifica cualquier alza originada en la producción.
Frente a este panorama, privilegiar productos de temporada y optar por ferias libres o compra directa a productores locales sigue siendo la alternativa más accesible para las familias. El encarecimiento de los alimentos frescos no es casual ni pasajero. Responde a causas identificables que demandan políticas públicas efectivas y un consumidor cada vez más informado.
Alejandra Astorquiza Sáez
Académica Facultad de Economía y Negocios
Universidad Andrés Bello











