Que el 18 no se pague hasta Navidad

ELPROA
El Diario de San Antonio

Septiembre es probablemente uno de los meses más esperados por los chilenos. Fiestas Patrias significa reuniones familiares, asados, fondas, viajes y celebraciones que forman parte de nuestra identidad. Pero detrás de varios días de festejos también existe una realidad menos entretenida: septiembre puede transformarse fácilmente en uno de los períodos de mayor exigencia para el presupuesto familiar.
El gasto no está solamente en la celebración del 18. Aparecen las compras de alimentos, bebidas, traslados, entradas a fondas, viajes y otras actividades que, individualmente, pueden parecer pequeñas, pero que sumadas representan una cantidad importante de dinero.
Para algunos trabajadores existe un elemento adicional: el aguinaldo o bono. Diversas empresas entregan voluntariamente este beneficio y algunos sindicatos también han negociado aportes para sus trabajadores. Es un ingreso extraordinario que, naturalmente, muchas familias destinan a financiar parte de las celebraciones.
El problema aparece cuando confundimos un ingreso extraordinario con una nueva capacidad permanente de gasto.
Si una familia recibe un bono de $100.000 y decide gastar $100.000 adicionales, probablemente no exista un gran desequilibrio. Pero si ese beneficio termina justificando un festejo de $300.000 financiado parcialmente con tarjeta de crédito, la situación cambia. Parte del 18 de septiembre terminará pagándose en octubre, noviembre o incluso diciembre.
Y ahí aparece una contradicción frecuente en nuestras finanzas personales: celebramos durante algunos días y podemos terminar pagando durante varios meses.
Esto no significa que debamos transformar las Fiestas Patrias en una clase de contabilidad familiar. El dinero también está para disfrutarlo. El problema no está en celebrar, sino en hacerlo comprometiendo ingresos que todavía no hemos recibido.
Una buena planificación puede ser mucho más sencilla de lo que parece. Definir previamente cuánto podemos gastar, separar una parte del bono para otros compromisos y evitar financiar gastos cotidianos en demasiadas cuotas, de seguro lograrán marcar una diferencia importante al terminar septiembre.
Además, los ingresos extraordinarios representan una oportunidad. Una parte puede destinarse a las fiestas, pero otra también puede utilizarse para disminuir una deuda, enfrentar algún gasto pendiente o comenzar un pequeño fondo de emergencia. No es necesario elegir entre disfrutar y ahorrar: una administración responsable permite hacer ambas cosas.
La educación financiera también se construye en estas decisiones cotidianas. No necesitamos dejar de conmemorar las tradiciones para cuidar nuestras finanzas. Debemos aprender a disfrutarlas sin trasladar su costo a los meses siguientes.
Porque unas buenas Fiestas Patrias deberían regalarnos lindos recuerdos, fotografías y probablemente algunos kilos adicionales. Pero lo que no deberían dejarnos son cuotas hasta Navidad.

Pablo Morales Director Carrera de Contador Auditor Universidad de Las Américas