Nacer en enero o noviembre: el filtro invisible del fútbol chileno

La noticia parece curiosa, pero en realidad revela uno de los sesgos más profundos del deporte formativo. Un estudio de Gonzalo Flores y Juan Pablo Marchant mostró que en Chile, si un futbolista nace en enero, tiene el doble de probabilidades de llegar al profesionalismo que si nace en noviembre. El análisis revisó 657 jugadores chilenos activos entre Primera División y Liga de Ascenso, y encontró que el 61% nació entre enero y junio, mientras solo el 39% lo hizo entre julio y diciembre. Enero, por sí solo, concentra un 13,1% de los futbolistas profesionales analizados, mientras noviembre apenas llega al 5,3%.
No se trata de astrología ni de casualidad. Se trata del llamado efecto de edad relativa, un fenómeno bien conocido en ciencias del deporte. Cuando dos niños compiten en una misma categoría anual, uno nacido en enero puede tener hasta casi un año más de desarrollo biológico que otro nacido en diciembre. A los 10, 11 o 12 años, esa diferencia pesa mucho. Más talla, más fuerza, más velocidad, más coordinación. Y lo que parece talento, muchas veces es simplemente maduración adelantada.
El problema es que ese “detalle” termina operando como filtro. Según explica el estudio, los entrenadores suelen mirar a dos jugadores de la misma categoría y, sin quererlo, seleccionar al que se ve más hecho. Así, el niño nacido a comienzos de año potencialmente habrá recibido mejores entrenamientos, más minutos, más confianza y mejores oportunidades. El que nació en octubre o noviembre, en cambio, muchas veces quedaría fuera antes de haber alcanzado su potencial real.
Entonces, no es que los nacidos a principio de año sean mejores futbolistas por definición. Es que el sistema los empuja antes.
La evidencia que muestra el artículo es llamativa. En Colo Colo, por ejemplo, nueve de 21 jugadores chilenos nacieron entre enero y marzo. En Universidad Católica, el porcentaje llega al 73%, y en Universidad de Chile al 63%. El patrón no parece una coincidencia aislada, sino un sesgo repetido en la selección de talentos del fútbol chileno.
Desde la formación de deportistas, esto obliga a una reflexión incómoda. Durante años, el fútbol ha dicho que el objetivo es detectar talento. Pero muchas veces lo que realmente detecta es maduración temprana. Y cuando eso pasa, no solo se favorece a unos pocos: también se pierden jugadores que quizás tenían mejores condiciones a largo plazo, pero que no alcanzaron a mostrarlas en el momento exacto en que alguien decidió cortar la lista.
Por eso, el hallazgo no debiera verse solo como una rareza estadística. Es una alerta sobre cómo se toman decisiones en el fútbol formativo. Si los procesos de captación siguen dependiendo demasiado del rendimiento inmediato, el sistema seguirá premiando al que llegó antes en su desarrollo físico y castigando al que necesitaba un poco más de tiempo.
Es por ello por lo que se presentan algunas soluciones posibles. Una es agrupar a los niños por maduración biológica y no solo por edad cronológica. Otra es aplicar cuotas o criterios compensatorios que obliguen a mirar también a quienes nacieron en el segundo semestre. Son ideas que ya se discuten en otros países y que buscan corregir un sesgo que nadie diseña a propósito, pero que igual termina definiendo carreras.
Frano Giakoni Ramírez, director de la carrera de Entrenador Deportivo de la Universidad Andrés Bello.











