El dividendo canoso

ELPROA
El Diario de San Antonio

La situación demográfica de Chile tiene una mirada económica importante, ya que el rápido envejecimiento de la población genera efectos directos sobre el sistema de pensiones, la salud pública y las cuentas fiscales. El incremento en las expectativas de vida en el país lleva a que cada día gane más relevancia la economía plateada no solo como un problema,sino como una oportunidad para la innovación, la productividad y el desarrollo de nuevos mercados.
Generalmente, el envejecimiento de la población se ha mirado como una carga estructural tanto para las familias como para el país, asumiendo un elemento estático de la vejez. Pero si uno mira a las personas mayores de 60 años en el Chile actual, el escenario es completamente distinto a lo que observaban nuestros padres a nuestra edad. Por ejemplo, hoy las personas de la tercera edad poseen más años de escolaridad, mayor conectividad digital y un firme deseo de mantener una participación en la economía. No se les puede restringir a ser receptores de ayudas del Estado, pues es desperdiciar un capital humano acumulado invaluable. La economía plateada nos invita a modificar la estructura productiva considerando que el empleo sea adaptativo, y generar un consumo especializado.
Para ello, el mercado laboral chileno debe extender la vida laboral de forma voluntaria. Esto puede ser mediante jornadas de trabajo flexibles, teletrabajo o roles de mentoría, lo que permite suavizar el déficit de fuerza laboral joven y mantener la transferencia de conocimiento en sectores complejos.
Asimismo, este desafío requiere una alianza público-privada, donde el Estado actúe como catalizador, modernizando las regulaciones, buscando incentivar la contratación de este segmento de la población, y promoviendo y garantizando la inclusión digital. Por su parte, la academia y el sector privado deben abandonar los estereotipos comerciales y entender que la población mayor es un motor de demanda sofisticado y creciente.
El envejecimiento no es el fin del crecimiento; es la reconfiguración de este. Si logramos articular políticas públicas flexibles y un entorno empresarial que valore la experiencia y la innovación adaptativa, Chile no sufrirá el invierno demográfico. Al contrario, podrá capitalizar un robusto «dividendo canoso», demostrando que una sociedad más longeva es también una economía más resiliente, integrada y desarrollada.

Gonzalo Escobar – Académico Facultad de Economía y Negocios UNAB