Paso Las Leñas: conectar no basta

La discusión sobre el futuro Paso Las Leñas, que permitiría establecer una nueva conexión entre Chile y Argentina a través de la Región de O’Higgins, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿estamos planificando nuestra infraestructura para garantizar la continuidad de las actividades que sostienen el desarrollo del país?
Habitualmente, proyectos de esta naturaleza se evalúan considerando sus beneficios económicos, como menores tiempos de viaje, reducción de costos de transporte y nuevas oportunidades comerciales. Sin embargo, a estos factores debemos sumar con mayor fuerza el valor estratégico de contar con infraestructura resiliente, capaz de mantener nuestras actividades productivas y cadenas de abastecimiento frente a eventuales interrupciones.
El Paso Los Libertadores es un buen ejemplo. Su importancia para el transporte internacional también evidencia nuestra dependencia de una conexión que, debido a sus condiciones geográficas y climáticas, experimenta cierres recurrentes. Frente a esto, alternativas como Las Leñas representan una oportunidad para diversificar nuestra red y reducir los riesgos asociados a la concentración de los flujos comerciales en un solo corredor.
Pero es importante detenernos en cómo valoramos esa segunda conexión. Desde una perspectiva económica, podemos cuantificar los costos asociados al cierre de una ruta: tiempos de espera, desvíos, mayores costos operacionales y retrasos en las entregas. Sin embargo, también debemos considerar de manera integral cómo esta infraestructura impacta en las cadenas de abastecimiento fundamentales para el país y en nuestra capacidad para mantenerlas operativas frente a una contingencia.
En este sentido, los estudios realizados para Las Leñas constituyen una base importante, pero deben revisarse a la luz de las transformaciones que han experimentado nuestros sistemas de transporte y logística. El estudio de prefactibilidad data de 2015 y, aunque posteriormente se ha avanzado en nuevas evaluaciones, resulta indispensable contar con estimaciones actualizadas sobre los volúmenes y tipos de mercancías transportadas, sus orígenes y destinos, y las perspectivas del comercio internacional.
Del mismo modo, debemos revisar los costos de construcción, operación y mantenimiento, incorporando los avances tecnológicos, los nuevos estándares de seguridad y las condiciones actuales de nuestra infraestructura.
También es necesario integrar en la evaluación los proyectos viales, ferroviarios y portuarios que se encuentran en desarrollo o planificación, entendiendo que las distintas inversiones forman parte de una misma red estratégica.
Desde el ámbito portuario, esta interdependencia es evidente. Los puertos no funcionan de manera aislada, sino como parte de un sistema que incluye pasos fronterizos, carreteras, ferrocarriles, centros de distribución, servicios de fiscalización y plataformas tecnológicas.
Para que los beneficios de una nueva conexión se materialicen, es indispensable evaluar la capacidad del conjunto de la red logística, incluyendo sus accesos, las inversiones de expansión portuaria y las condiciones de operación de los distintos corredores de carga. De lo contrario, corremos el riesgo de que una infraestructura concebida para reducir nuestra vulnerabilidad termine trasladando los problemas de congestión hacia otros puntos del sistema.
Por ello, avanzar en proyectos como Las Leñas requiere evaluaciones técnicas, económicas, ambientales y territoriales rigurosas, además de acuerdos binacionales y mecanismos de financiamiento sostenibles.
Reconocer el valor de contar con infraestructura resiliente no significa justificar cualquier inversión, sino mejorar nuestra capacidad para evaluar sus beneficios y costos desde una perspectiva de largo plazo, considerando el funcionamiento del sistema en su conjunto.
Beatriz Mella Lira
Directora EPV, directora alterna del Centro CATLEC y académica de la Universidad Andrés Bello











