TARROS CON PIEDRAS

ELPROA
El Diario de San Antonio

Generalmente un tarro con piedras cuando se expresa en temas relacionados a la política, a la religión y al fútbol, lo hace confrontando a los individuos a los cuales se dirige; con tonos de voz demasiado fuerte y con comentarios en ocasiones fuera de lugar.

Discutir con ellos es como comer un pescado espinoso y hablar a la vez, esa conversación resulta ser muy peligrosa; es como una bomba de tiempo que explotará en cualquier instante, proyectando numerosas esquirlas de opiniones que pueden poner en jaque tu armonía con sus argumentos agresivos, partidistas y sin nada de objetividad. Es muy delicado tocar estos temas con tarros con piedra a los cuales conocemos superficialmente, desconociendo sus inclinaciones hacia estas materias tan delicadas.

Por ejemplo; escuchar a un tarro con piedras de la “U”, del “Colocolo” o de la “UC” en sus opiniones de la importancia y de la grandeza de sus equipos en la historia del fútbol chileno, es un espectáculo lingüístico digno de ser grabado; sus argumentaciones de: ¿Quién es el equipo más popular?, ¿De cuál es la institución de fútbol más grande de Chile?, son de antología; afloran a todo pulmón, con opiniones viscerales, muchas veces grotescas y son peores; si se expresan con vociferaciones confrontacionales de cómo se obtuvieron las copa Libertadores de América de Colocolo el año 1991, de la Interamericana de 1994 de la Católica y la Sudamericana de la U del año 2011, o los cuestionamientos sobre los estadios, si son propio o regalados; etc. etc. Opiniones que hacen imposible una conversación decente. En política y religión muchas veces es peor; ya que, en esos temas generalmente sacan del centro emocional al que discrepa con ellos.

Los tarros con piedras cuando no conectan el cerebro con su boca, caen en una actitud y conducta nociva que puede llegar a extremos impensados; expresar tantas emociones en sus puntos de vista de forma fanática y apasionada en extremo, los hace caer en un fervor exacerbado, dañino y pendenciero, tanto para ellos, como también; para quienes los escuchamos en silencio.

Lamentablemente los tarros con piedras con sus vociferaciones al límite; caen en conductas tóxicas y pueden fácilmente ser encasillados y catalogados como personajes con serias carencias en su inteligencia emocional. La destemplanza y poco equilibrio en sus argumentos en estos temas los hacen merecedores al apelativo de personajes inadaptados e incapaces de lograr una conversación sana en algunas materias, con notorias carencias de una decente contribución, para un buen feed back o buena conexión entre las demás personas.

Cuiden sus palabras y recuerden que somos lo que pensamos; que nuestras palabras al fin y al cabo son nuestros pensamientos y siempre tengan presente; lo que nos enseñó nuestro mejor amigo. “No es lo que entra por la boca, lo que contamina al hombre, si no, lo que de ella sale; y lo que de la boca sale, del corazón procede”. No teman en expresar sus pensamientos con una oratoria apasionada y bien argumentada; con el imprescindible conocimiento en lo que argumentan o quieran proclamar. No con una plática gritona, ni difamadora y acalorada, aunque tengan la razón y el conocimiento. Por sus palabras los conocerán.

HUBERZZA