“A VECES ALEJAN MAS LAS ACTITUDES QUE LAS DISTANCIAS”

ELPROA
El Diario de San Antonio

En nuestro largo y flaco país demasiado generoso, en el cual vivimos, utilizamos, casi todos los días que utilizan, casi a diario, la excusología: un estudio sistemático, concienzudo, puntilloso y prolijo de como echarle la culpa a otro de los errores propios, o cómo descubrir –en el infinito abanico de situaciones históricas, familiares, sociológicas, ambientales, climáticas etcétera- una alternativa que permite depositar la responsabilidad del problema bien lejos de quien lo produce.

El axioma sobre el que construye su discurso la excusología es de por sí ilustrativo; jamás se discute sobre un asunto que nos incrimine, sin antes saber cómo salir del paso cargándole el bulto al prójimo.
La Academia Nacional de la Excusología (entidad fundadora y conspicuo miembro de International Excuses Research admite con una sonrisa fraterna de los académicos, ciertas expresiones pseudocientíficas que provienen de la más tierna infancia y que en conjunto, componen lo que podríamos llamar Excusología Iniciatica o Parvularia, así como los viejos palotes escolares entrenaban la motricidad ´para dibujar las letras, estas excusas primarias, rudimentarias diríamos, preparan al niño como futuro excusólogo para asuntos más trascendentes. Hablamos de frases históricas como:  No fui yo- papá, fue mi hermano”; “No pude estudiar porque tuve que acompañar a mi mamá al doctor” o “Tenía el dibujo listo y mi hermanita vino y me tiró tinta encima del dibujo” De esta forma, tan sencilla y práctica, el niño se mete donde todos escapan a la sanción. Todavía vestido de inocencia, empieza la carrera que lo convertirá en ciudadano del país del yo no me hago cargo”.
Pero esto no es sino la prehistoria del asunto, los primeros trazos vacilantes sobre la tablilla de cera donde con el correr de errores y “condoros” se irán grabando, cada vez más profundamente, las marcas indelebles de una excusología personal elaborada que convertirá al sujeto de un verdadero experto en quitarle el glúteo al inyectable.
Veamos, pues, cómo se llega a ese estado beatifico y relajado.
En el primer tomo de su brillante Excusare-Tractatus Analiticus el profesor Zafarián define con propiedad, la condición básica que debe cumplir un excusólogo: carecer de autocrítica. Al respecto dice:…(la autocrítica)… una práctica detestable que destruye en el individuo la alusión de impunidad, indispensable para llevar adelante un quehacer rentable en los tiempos que corren…” y más adelante, ilumina del camino cuando agrega: “ese producto de la introspección consciente nos lleva indefectiblemente al fracaso porque privilegia la ética privada y pública por sobre otros valores que a la postre resultan muchísimo más conveniente…”. Definitivo y claro.
El segundo punto que podríamos considerar fundacional para el excusólogo es la Ausencia permanente de sentimientos de culpabilidad, llamados regularmente sentimientos. Resulta oportuno citar aquí las palabras señeras del licenciado Jun Antonio Menefreda, en Zafar es el camino: “…De existir estos pequeños habitantes de la conciencia (los remordimientos) la ruta al éxito se vuelve pantanosa…”; “…la mirada piadosa sobre aquellos a quienes perjudicamos con nuestras acciones o simplemente nuestros errores impide ver hacia adelante, hacia nuestra meta dorada que es zafar cueste lo que cueste…”
El tercer y último elemento que tomaremos en cuenta, casi diríamos una consecuencia de los anteriores, es la constitución molecular del rostro del excusólogo. No se puede ostentar el título oficial si no se tiene, al menos una dureza facial que garantice la inmovilidad absoluta en el momento de poner la excusología en acción.
Pedro Cruz