Alexis Sánchez y el arte de rendir cuando el cuerpo ya no perdona

ELPROA
El Diario de San Antonio

Cuando un entrenador de la Liga española dice en conferencia de prensa que un jugador de 37 años está siendo más decisivo que sus propios titulares, hay dos maneras de leerlo. La primera es como elogio de circunstancia, de esos que los técnicos reparten con generosidad antes de un partido importante. La segunda es tomarlo en serio y preguntarse qué está pasando realmente con el cuerpo y la cabeza de Alexis Sánchez. Luis García Plaza, DT del Sevilla, no pareció estar improvisando cuando lo dijo: «calidad brutal, cada vez que entra se nota». Y ahí hay bastante más que una frase amable.
Alexis tiene 37 años. En el fútbol de alta exigencia, eso es una edad que la fisiología no perdona con facilidad. El consumo máximo de oxígeno, el llamado VO2 máx, comienza a declinar sostenidamente después de los 30 años, con una caída estimada de entre un 0,5 y un 1 por ciento anual según estudios publicados en el Journal of Aging and Physical Activity. La potencia explosiva, la velocidad de reacción y la capacidad de recuperar energía entre esfuerzos intensos también se reducen. El cuerpo de un futbolista de élite a los 37 ya no es el mismo que tenía a los 25. Eso no es una opinión ni una exageración: es biología.
Pero la biología no cuenta toda la historia. Lo que la ciencia del rendimiento deportivo lleva tiempo documentando es que el declive físico no es lineal ni uniforme. Un jugador veterano puede haber perdido parte de su techo aeróbico y seguir conservando intactos la inteligencia táctica, la técnica construida a lo largo de décadas, la lectura anticipada del juego y la capacidad de actuar con precisión bajo presión extrema. Cuando entra en la segunda mitad, fresco, contra rivales que ya acumulan fatiga neuromuscular, ese contraste se convierte en una ventaja concreta y medible. No es magia ni nostalgia: es una forma específica de rendimiento que algunos cuerpos bien gestionados todavía pueden ofrecer pasados los 35.
Zlatan Ibrahimovic jugó en la Serie A italiana con 40 años y siguió marcando goles en momentos decisivos. Ryan Giggs disputó temporadas de alto nivel con el Manchester United hasta los 39. En el atletismo de fondo, los corredores africanos más longevos han mostrado que la resistencia base, cuando se construyó sobre años de trabajo bien dosificado, tarda mucho más en deteriorarse que la velocidad explosiva. No son excepciones inexplicables: son ejemplos de que la curva de declive de la fuerza y la resistencia es más lenta que la de la potencia máxima, lo que abre una ventana de rendimiento específica que los entrenadores inteligentes saben aprovechar.
Lo que está haciendo García Plaza con Alexis es, conscientemente o no, gestión deportiva de calidad. No lo está exigiendo como si tuviera 25 años ni justificando su presencia por inercia sentimental. Lo está usando donde todavía puede impactar de verdad: en períodos acotados, con el partido ya estructurado, sacando partido exactamente de lo que el tiempo no le ha podido quitar. Eso también exige que el jugador lo entienda y lo acepte, y ahí está quizás el mayor mérito de Alexis en esta etapa: haber reconocido que su rol cambió sin que su valor desapareciera. Esa es una adaptación que muchos deportistas de élite, acostumbrados a ser los primeros en todo, no logran hacer.
En Chile se tiende a medir a los deportistas en términos absolutos y a leerlos en función de su mejor versión pasada. Pero el rendimiento en la vejez atlética no funciona así. La longevidad competitiva depende de la carga acumulada durante la carrera, del historial de lesiones, de la calidad de la recuperación y, sobre todo, de la capacidad de seguir siendo mentalmente competitivo cuando el cuerpo ya no puede ofrecer todo lo que ofrecía. Alexis, con todo lo que ha cargado, todavía reúne esas condiciones en dosis suficientes. Por eso aparece, por eso duele, y por eso su entrenador lo describe con un adjetivo que en la Liga española no se regala: brutal.

Frano Giakoni Ramírez, director de la carrera de Entrenador Deportivo UNAB