El peligro de creer que estamos al día con nuestras finanzas

ELPROA
El Diario de San Antonio

En un contexto donde el costo de la vida sigue presionando el presupuesto de las familias chilenas, cada vez son más las personas que utilizan la tarjeta de crédito para llegar a fin de mes. Hasta ahí, el problema no necesariamente está en endeudarse. El verdadero riesgo aparece cuando comienza a confundir cumplir con avanzar.

Todos los meses miles de personas pagan el monto mínimo que informa su estado de cuenta y sienten una comprensible tranquilidad: no caerán en morosidad, evitarán llamados de cobranza y mantendrán vigente su línea de crédito. Desde una mirada contractual, efectivamente están al día. Pero, si aplicamos un análisis financiero, ocurre exactamente lo contrario.

Pagar el mínimo rara vez significa disminuir de forma importante una deuda. En la mayoría de los casos, apenas permite cubrir intereses, comisiones y una pequeña parte del capital. Es decir, la deuda sigue prácticamente intacta y el costo económico continúa acumulándose mes tras mes.

El problema es que este mecanismo entrega una falsa sensación de control. Como la deuda no genera un conflicto inmediato, las personas asumen que la situación está en orden. Sin embargo, el tiempo juega en contra. Una compra que parecía manejable puede terminar costando mucho más de lo previsto, simplemente porque nunca se logró reducir el capital adeudado.

No se trata de cuestionar el uso de las tarjetas de crédito. Bien utilizadas, son una herramienta útil para ordenar gastos, acceder a beneficios o enfrentar imprevistos. El problema comienza cuando el pago mínimo deja de ser una excepción y se transforma en una costumbre.

Algo similar ocurre con nuestra salud: el analgésico puede aliviar un dolor puntual, pero difícilmente solucionará el problema si nunca tratamos la causa. Con las deudas sucede exactamente lo mismo. El pago mínimo calma la urgencia del mes, pero no resuelve el problema financiero de fondo.

Como contador auditor, con frecuencia observo que algunas personas dedican tiempo a comparar precios antes de realizar una compra, pero pocas se detienen a calcular cuánto terminarán pagando realmente cuando financian ese producto durante varios meses. Esa diferencia, que a veces parece pequeña, puede representar cientos de miles de pesos adicionales.

La educación financiera no consiste únicamente en aprender a invertir o conocer conceptos complejos de economía. También implica comprender decisiones cotidianas que, aunque parezcan menores, tienen efectos importantes sobre nuestro patrimonio. Saber cómo funciona una tarjeta de crédito, es tan relevante como aprender a ahorrar.

En tiempos de incertidumbre económica, administrar bien el dinero no siempre significa ganar más, también implica evitar tomar decisiones que, sin darnos cuenta, hacen cada vez más difícil recuperar nuestra estabilidad financiera.

Pablo Morales Director Carrera de Contador Auditor Universidad de Las Américas