Los Juegos de la Resiliencia

Tras meses de planificación, inversión estatal y privada, infraestructura especialmente diseñada y equipos humanos movilizados, Chile se prepara para recibir a jóvenes deportistas que llegan con una historia que trasciende la competencia misma.
Porque detrás de cada evento deportivo masivo se entrelazan factores sociales, económicos y humanos que dejan beneficios al país organizador. Sin embargo, en esta ocasión emerge un valor intangible, imposible de medir en cifras o medallas, pero esencial para todos quienes rodean esta cita deportiva: la resiliencia.
Los deportistas que competirán esta semana ya son, en muchos sentidos, ganadores. Han aprendido a sobreponerse a la adversidad, a enfrentar las limitaciones con determinación y a transformar los obstáculos en oportunidades. Esa capacidad de resistir, adaptarse y crecer ante la dificultad es el núcleo de la resiliencia, una virtud que el deporte revela y multiplica.
El término proviene de la metalurgia: describe la propiedad de un material que, tras someterse a una presión extrema, logra recuperar su forma original sin quebrarse. En los seres humanos, esta metáfora cobra vida. La resiliencia es la fuerza que permite reanimarse tras un golpe, reconstruirse y seguir avanzando. En los jóvenes deportistas paralímpicos, esta fortaleza se vuelve visible en cada entrenamiento, en cada carrera, en cada lanzamiento o movimiento que desafía los límites impuestos por la sociedad o por su propia biología.
En el ámbito de la psicología del deporte, se ha estudiado lo que se conoce como “efecto espejo”: la influencia recíproca entre los deportistas y su entorno. Muchos de estos jóvenes crecieron admirando a otros atletas paralímpicos que los inspiraron a superar barreras. Hoy, ellos mismos se transforman en modelos para nuevas generaciones, demostrando que la disciplina, la pasión y el sentido de propósito pueden convertir la vulnerabilidad en potencia.
Esa transmisión de energía es una de las expresiones más poderosas del espíritu humano. A través del deporte, estos jóvenes han encontrado no solo una meta, sino un camino que da sentido a sus vidas. Han hecho de su historia personal una fuente de inspiración colectiva. Y eso los convierte en campeones, incluso antes de que comience la competencia.
Por eso, cuando las luces del estadio se enciendan y suenen los aplausos, no solo estaremos celebrando marcas o medallas. Estaremos reconociendo algo más profundo: la capacidad humana de resistir, reinventarse y seguir soñando.
Los Juegos Parapanamericanos Juveniles no son solo un evento deportivo. Son una lección viva de resiliencia, un espejo donde todos —como sociedad— podemos mirarnos para recordar que la verdadera victoria no está en el podio, sino en levantarse una y otra vez.
Rodrigo Cauas, académico de Entrenador Deportivo UNAB sede Viña del Mar











