¿Gendarmería o Policía Penitenciaria?

ELPROA
El Diario de San Antonio

En los últimos meses, han sido reiterados los casos de funcionarios uniformados y sindicalizados de Gendarmería de Chile detenidos por su participación en acciones ilegales. Sin embargo, el punto de quiebre lo marcó la reciente operación Apocalipsis que terminó con más de 40 funcionarios uniformados arrestados, acusados de vender drogas, facilitar el ingreso de prostitutas e indocumentados a recintos penitenciarios a cambio de dinero, además de otros delitos graves.

Gendarmería es una institución fundamental en la lucha contra la delincuencia y en el resguardo del sistema penitenciario del país. No obstante, debe ser dirigida por personas con las capacidades, la formación y el liderazgo adecuado, y no por autoridades que destinan gran parte de su tiempo laboral a ceremonias, actos protocolares o a rendir honores al subsecretario de Justicia o al ministro de turno.

Resulta preocupante observar cómo, a diario, se exhiben en redes sociales con nuevas tenidas repletas de medallas y condecoraciones, así como grados de “generales” que, en los hechos, no existen dentro de la estructura de Gendarmería. Esta práctica no solo banaliza la jerarquía, sino que también debilita la seriedad institucional.

En este contexto, el Presidente Gabriel Boric anunció el envío de un proyecto de ley para transformar Gendarmería en una especie de Policía Penitenciaria, dependiente del Ministerio de Seguridad, al igual que Carabineros de Chile y la Policía de Investigaciones. Paralelamente, el trabajo de reinserción social sería asumido por un nuevo servicio, dependiente del Ministerio de Justicia.

Frente a este anuncio, surge una pregunta clave e inevitable: ¿cuenta Gendarmería con el personal idóneo para llevar adelante un cambio estructural de esta magnitud?

Desde mi punto de vista, esta transformación debe considerar medidas profundas y urgentes. Entre ellas, poner término inmediato a la proliferación de sindicatos que hoy operan al interior de la institución y nombrar en cargos estratégicos a oficiales activos de otras policías y de las Fuerzas Armadas, así como recontratar oficiales en condición de retiro. Esto permitiría aprovechar conocimientos avanzados en áreas críticas como inteligencia, telecomunicaciones, investigación criminal, seguridad, doctrina y toma de decisiones complejas.

Es importante recordar que estos oficiales cuentan con una formación profesional de cuatro años mas las respectivas academias de Guerra que son tres años más y fueron nombrados mediante decreto presidencial. En contraste, los oficiales de Gendarmería se forman en un periodo aproximado de 19 meses y son designados por decretos ministeriales, una diferencia que no es menor cuando se trata de liderar procesos de alta complejidad institucional y de seguridad nacional.

Cambiar la dependencia administrativa sin cambiar a quienes conducirán el proceso sería un error grave. El objetivo debe ser poner al servicio del país una institución pulcra, profesional y libre de lealtades mal concebidas, que hoy parecen más asociadas a redes internas que al interés superior del Estado.

Aún estamos a tiempo de actuar. Aún es posible evitar que nuestras cárceles sigan siendo controladas por delincuentes, tanto por aquellos que están privados de libertad como por quienes, portando uniforme y armamento entregado por el Estado chileno, traicionan la función pública que juraron cumplir.

Jorge Medina Yáñez
Periodista
Licenciado en Seguridad y Defensa
Magíster en Análisis de Inteligencia