Sociólogo y el mérito: “familia, barrio, redes y capital cultural abren puertas y aventajan»

El director del Doctorado en Teoría Crítica y Sociedad Actual (TECSA) de la Universidad Andrés Bello, Mauro Basaure, afirma que «Quien tiene recursos compra mejores condiciones escolares y mira la discusión sobre admisión, sorteo o mérito como un problema ajeno”.
El reciente debate sobre el mérito en la admisión escolar volvió a instalar una de las discusiones más complejas de las políticas educativas: cómo compatibilizar el reconocimiento al esfuerzo individual con la necesidad de evitar que las desigualdades de origen sigan reproduciéndose entre generaciones.
Así lo plantea el sociólogo y director del Doctorado de Teoría Crítica y Sociedad Actual de la Universidad Andrés Bello, Mauro Basaure, quien en una carta en La Segunda sostiene que el desafío no consiste en elegir entre mérito o igualdad, sino en reconocer la tensión permanente entre ambos principios.
Según el académico, la sociedad moderna se construyó sobre dos promesas fundamentales: la igualdad entre los ciudadanos y la posibilidad de que las diferencias respondan al desempeño de las personas y no a su origen familiar.
Sin embargo, advierte que en sociedades marcadas por profundas desigualdades, el mérito muchas veces termina legitimando privilegios heredados.
«En sociedades desiguales, el mérito traduce la cuna a un lenguaje aceptable. Familia, barrio, colegio, redes y capital cultural producen resultados; se vuelven credenciales, abren puertas y aventajan a la generación siguiente», sostiene.
A juicio de Basaure, el debate sobre la admisión escolar suele omitir un elemento central: quienes realmente dependen del sistema público y subvencionado son precisamente las familias que no cuentan con recursos para elegir otras alternativas.
«Quien tiene recursos compra mejores condiciones escolares y mira la discusión sobre admisión, sorteo o mérito como un problema ajeno. La disputa ocurre entre sectores populares y clases medias bajas por cupos públicos y subvencionados», explica.
El sociólogo afirma que reconocer el mérito sigue siendo importante, ya que el esfuerzo y las decisiones personales forman parte de la experiencia de millones de estudiantes.
«Una sociedad que no reconoce eso se vuelve moralmente sorda, sobre todo ante quienes tienen pocas herencias y muchas expectativas puestas en el esfuerzo cotidiano», señala.
No obstante, distingue entre valorar el mérito como reconocimiento social y utilizarlo como mecanismo para acceder a oportunidades que pueden perpetuar las desigualdades.
«El nudo está en distinguir entre reconocer el mérito y permitir que compre bienes escasos capaces de reproducir ventajas», indica.
Para el académico, ninguna alternativa está exenta de costos. Mientras seleccionar por rendimiento puede consolidar ventajas de origen, un sistema basado exclusivamente en sorteos puede debilitar la percepción de que el esfuerzo tiene consecuencias.
En ese escenario, advierte que incluso los mecanismos mixtos pueden generar nuevas formas de selección social.
Finalmente, Basaure sostiene que el objetivo no debe ser encontrar una fórmula perfecta, sino administrar una tensión que difícilmente desaparecerá.
«La tarea no es hallar una fórmula pura, sino decidir qué daño reducir y qué riesgo aceptar. El mérito no debe abolirse ni adorarse. Debe contextualizarse, limitarse y vigilarse en sus efectos acumulativos», concluye.











