Terremotos y el desafío de la vivienda irregular

ELPROA
El Diario de San Antonio

¿Por qué un movimiento telúrico de similar o incluso mayor intensidad provoca consecuencias tan distintas en la infraestructura según el país donde ocurre? La respuesta no está en la naturaleza del fenómeno, sino en la forma en que cada sociedad ha decidido construir. Chile tiene con los sismos una relación de larga data. A partir de sucesivas experiencias a lo largo de su historia, nuestro país fue entendiendo que la arquitectura no puede ser estática, sino que debe responder a cargas móviles.

De esta premisa surgió el concepto de rigidización de las estructuras y la consolidación de la ingeniería civil como pilar fundamental de cualquier edificación. El resultado es una norma sísmica hoy reconocida como una de las más avanzadas del mundo, fruto de un aprendizaje que no ocurrió de un día para otro, sino que se fue perfeccionando terremoto tras terremoto. Basta recordar que en el de 2010, de magnitud 8,8, hubo caídas de viviendas más antiguas, pero el grado de destrucción resultó considerablemente menor al que cabría esperar para un sismo de esa magnitud.

Ese contraste es justamente lo que hoy vuelve a evidenciarse en otros países de la región a través de las imágenes que llegan desde Colombia, con edificios completos reducidos a escombros tras el sismo de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto, y las que meses atrás llegaron desde Venezuela. Naciones que han vivido con menor frecuencia eventos sísmicos de gran escala no se han visto en la misma obligación histórica de exigir normativas de cálculo estructural tan rigurosas ni de fiscalizar su cumplimiento. El problema, entonces, nunca es el terremoto en sí mismo. El problema es la construcción y su capacidad de responder al movimiento de la tierra. Ahí se juegan las catástrofes, las muertes y las tragedias que estamos presenciando.

Sin embargo, pese a lo que hemos conseguido como país no podemos descansar en una tranquilidad absoluta. La norma que protege gran parte de nuestras edificaciones formales convive con una realidad paralela que sigue creciendo, la de los campamentos y las construcciones irregulares. Según el Catastro Nacional de Campamentos 2024 2025 elaborado por TECHO Chile, en el país existen 1.428 campamentos donde residen 120.584 familias, cifra que representa un aumento de 10,6% respecto de la medición anterior y la más alta desde 1996. Son viviendas que, al no pasar por ningún proceso formal de registro, podrían no cumplir con ninguna de las condiciones mínimas para resistir un sismo, un incendio o incluso una lluvia intensa capaz de desprender un talud completo.

A diferencia de lo que vemos en Venezuela o en Colombia, donde colapsan edificios públicos como hospitales o catedrales, en Chile la arquitectura formal cumple. El comercio, la educación y la vivienda regularizada deben pasar sí o sí por un proceso de cálculo estructural para poder funcionar. El desafío real está en la vivienda que quedó fuera de ese circuito y que se ha multiplicado. Avanzar exige además del conocimiento técnico, un plan de formalización efectivo, con recursos concretos que permitan a esas familias regularizar sus viviendas o acceder a subsidios para habitar construcciones que sí respondan a la norma técnica. Los terremotos seguirán ocurriendo. La pregunta es si seguiremos dejando a una parte de la población fuera del único sistema que hasta ahora nos ha demostrado que salva vidas.

Giuliano Pastorelli Paredes
Director de Arquitectura
Universidad Andrés Bello