Halloween ¿sabemos realmente qué estamos celebrando?

Cada 31 de octubre, las calles de Chile se llenan de pequeños vampiros, brujas y fantasmas que, acompañados de sus padres, recorren los barrios gritando “¡dulce o travesura!”. Más de algún vecino apaga las luces para evitar quedarse sin caramelos, mientras otros preparan sus casas con telarañas, calabazas y esqueletos. Una escena que hace algunas décadas parecía sacada de una película estadounidense y que hoy forma parte de nuestras costumbres. Pero ¿sabemos realmente qué estamos celebrando?
Aunque solemos asociar Halloween con Estados Unidos, sus raíces son mucho más antiguas. Hace más de dos mil años, los pueblos celtas festejaban el “Samhain”, ceremonia que marcaba el fin de las cosechas y el comienzo del invierno. Creían que durante aquella noche la frontera entre los vivos y los muertos se debilitaba, permitiendo que los espíritus regresaran a la tierra. Para protegerse, encendían hogueras, utilizaban disfraces y dejaban alimentos como ofrendas.
Con la expansión del cristianismo, la Iglesia Católica buscó reemplazar o resignificar antiguas celebraciones paganas. En ese contexto, la festividad de “Todos los Santos” terminó estableciéndose el 1 de noviembre, fecha que coincidía con las tradiciones celtas. Su víspera comenzó a conocerse como All Hallows’ Eve, expresión que con el tiempo derivó en Halloween. Curiosa paradoja: la fiesta que hoy algunos sectores religiosos cuestionan, lleva en su propio nombre una referencia cristiana.
¿Y cómo llegó a Estados Unidos? Principalmente gracias a los inmigrantes irlandeses del siglo XIX, quienes llevaron consigo sus tradiciones. Allí, Halloween fue transformándose hasta convertirse en una celebración popular, especialmente entre los niños. Luego, el cine, la televisión y, más recientemente, las redes sociales, hicieron el resto, llevando disfraces, calabazas y dulces prácticamente a todo el planeta.
Chile tampoco escapó a esta influencia. Lo que comenzó como una costumbre extranjera terminó instalándose en colegios, barrios, centros comerciales e incluso oficinas.
Quizás lo interesante no sea discutir si Halloween es una fiesta nuestra o importada. Después de todo, las culturas siempre han intercambiado tradiciones. Lo importante es comprender qué celebramos y de dónde proviene. Porque detrás de cada niño que golpea una puerta buscando dulces, hay una historia de siglos, donde se mezclan creencias, religión, migraciones y cultura popular.
Y pensar que todo eso comenzó mucho antes de que alguien gritara “¡dulce o travesura!”.
José Pedro Hernández Historiador y académico de Universidad de Las Américas











