La Teletón y lo que podemos hacer juntos

ELPROA
El Diario de San Antonio

Llega la Teletón y algo nos pasa. Suena una canción conocida, aparece el número de cuenta y recordamos que, en alguna casa, hay una familia esperando una oportunidad más. Tal vez por eso la campaña todavía logra detenernos y nos recuerda que la vida de alguien a quien no conocemos también puede importarnos.

En televisión vemos un momento, una niña que da un paso, un joven que cuenta lo que ha conseguido. Pero esa imagen tiene días enteros detrás. Hay viajes cuando todavía está oscuro, tratamientos que cansan y padres que vuelven a casa pensando en cómo organizar la siguiente jornada. Hay frustraciones que no siempre se cuentan y también una alegría difícil de explicar cuando aparece un pequeño avance. Quien lo vive sabe que nada de eso ocurre de un momento para otro.

La Teletón ha ganado un lugar en Chile. Familias, equipos de rehabilitación, voluntarios y ciudadanos la han sostenido año tras año. A veces se mira solo la cifra que falta para alcanzar la meta. Detrás de ella hay algo más hondo: la decisión de acompañar procesos largos, incluso cuando ya no hay cámaras. Eso merece reconocimiento.

También hay preguntas que no podemos dejar afuera. La discapacidad tiene muchas formas y necesidades que esta obra, por sí sola, no puede cubrir. Todavía hay familias que recorren lugares buscando apoyo, escuelas donde participar cuesta demasiado y calles que obligan a pedir ayuda para algo tan simple como avanzar. Escuchar esa crítica no nos aleja de la Teletón. Nos invita a preguntarnos cuánto más podríamos hacer con la misma voluntad con que hemos sostenido esta obra.

A los profesores nos toca especialmente cuidar lo que niñas, niños y jóvenes aprenden de todo esto. Ellos ven si los adultos hablamos de solidaridad y luego seguimos de largo, o si nos detenemos cuando alguien necesita apoyo. Aprenden cuando una escuela escucha de verdad a una familia; cuando un compañero puede participar porque alguien pensó en él al preparar la clase. En esos gestos el compromiso social deja de ser una palabra y empieza a formar parte de la vida.

Podemos conversar sobre la Teletón en la sala de clases sin quedarnos únicamente con la emoción de una historia. Después de escucharla, vale la pena preguntar qué encontrará un niño al llegar a la escuela, si podrá jugar con otros, si alguien sabrá esperar sus tiempos.

En estos días la invitación es a aportar a la Teletón y a cuidar todo lo que ha hecho posible. Y cuando termine la transmisión, a no olvidar la pregunta que nos reunió. ¿Qué podemos cambiar cerca de nosotros? A veces será una puerta que se abre, una actividad que se adapta, una conversación que por fin se tiene. Hay personas esperando esos gestos. La solidaridad se vuelve real cuando alguien puede sentirla en su propia vida, por ejemplo, a partir de iniciativas como esta.

Yirda Romero Marchant
Directora Carrera de Pedagogía en Educación Diferencial
Universidad de Las Américas Sede Viña del Mar