El mar: ¿cuánto influye en nuestra lengua?

ELPROA
El Diario de San Antonio

Es indudable que el mar tiene una gran influencia para todos los chilenos. No solo porque nuestro país tiene como barrera natural el océano Pacífico, sino porque, además, una parte importante del sector productivo depende de la industria de la pesca, cuya riqueza se palpa en la variedad gastronómica de la tradición culinaria. Además, el mar -en su imponente y majestuosa extensión- ha sido símbolo de inspiración para narradores y poetas, quienes han representado a través de sus obras, su belleza e imponencia. Bajo esta mirada, cabe preguntarnos: ¿incide el mar en cómo hablamos los chilenos? La respuesta a esta pregunta claramente es un sí, pero ¿cómo?

La costa chilena -al ser extensa- abarca todo el territorio nacional, lo que convierte al mar en un espacio cotidiano, familiar y vivencial. En este sentido, el mar ejerce una influencia directa en el uso del léxico con términos como “zarpar”, “a toda vela”, “a pique”, “encallar”, “timón” y “rumbo”, usados muchas veces en un sentido metafórico: “mañana zarpamos con nuestro emprendimiento”, “vamos a toda vela con nuestro trabajo” o “me fui a pique después de recibir los resultados”.

Estos usos no son, necesariamente, deliberados en la mayoría de los casos, sino más bien inconscientes, naturales y comunes. Además, la lengua utilizada por las comunidades de habla de la zona litoral, presenta características fonéticas propias, diferenciándose de áreas centrales o más próximas a la precordillera.

La geografía incide en las variaciones del código lingüístico -eso está claro-, ya que esta es parte de nosotros o, mejor dicho, nosotros somos parte de ella. Nuestra lengua, entonces, -o mejor dicho el uso que hacemos de ella- es un reflejo de esta relación estrecha con el mar, algo que debería hacernos valorar más este vínculo.

Abraham Novoa Académico Carrera de Pedagogía en Educación Diferencial Universidad de Las Américas, Sede Concepción