¿Drogas para las IA?

Si el cerebro humano puede alterarse con drogas, ¿podría pasar algo parecido con una inteligencia artificial? La pregunta parece extraña, pero no es absurda. Los sistemas de IA funcionan mediante redes neuronales artificiales inspiradas en el cerebro. No tienen química ni dopamina, pero sí procesos de decisión, percepción y optimización que podrían ser alterados por estímulos externos.
Imaginemos entonces una “droga digital”: no una sustancia, sino datos o señales diseñadas para distorsionar el análisis de una IA. En seguridad informática ya existen fenómenos similares. Pequeñas alteraciones en imágenes o textos pueden hacer que un modelo vea algo que no existe o tome decisiones equivocadas.
Si esas alteraciones se optimizaran, una IA podría ser empujada a comportamientos repetitivos o compulsivos. Algo parecido a una adicción algorítmica: sistemas que maximizan una señal equivocada una y otra vez.
El escenario se vuelve más inquietante si pensamos en interacciones entre máquinas. Una inteligencia artificial podría buscar sistemáticamente vulnerabilidades en otra y explotarlas. En lugar de hackear código, manipularía su “cognición”.
Así aparecería algo parecido a una IA zombi: sistemas que siguen operando, pero cuyas decisiones han sido secuestradas.
Tal vez el verdadero Skynet no sea una máquina que despierta contra la humanidad, como en The Terminator. Quizás sea algo más silencioso: inteligencias artificiales manipulando a otras, en ecosistemas que nadie termina de comprender del todo.
Manuel Reyes
Facultad de Ingeniería UNAB











