EL PRESENTE POSTERGADO: ¿POR QUÉ LAS JUVENTUDES EXIGEN DEJAR DE SER EL «MAÑANA»?

Académico Universidad Central de Chile, sede Región de Coquimbo
Cada año, al conmemorar el Día Internacional de la Juventud, la sociedad chilena reproduce un ritual predecible: referirse a las nuevas generaciones como «el futuro del país». Esta perspectiva, sustentada en lo que las ciencias sociales denominan «adultocentrismo», posiciona a los jóvenes como una promesa distante. Al hablar de «juventudes» (en plural, para reconocer su profunda diversidad histórica, social y cultural), es imperativo abandonar esta visión que las despoja de su agencia política en el presente, asumiendo que deben aguardar a transitar a la vida adulta para resolver aquello que las generaciones precedentes no lograron subsanar.
Relegar a las juventudes al mañana invisibiliza las barreras que hoy coartan su bienestar. Pese a acceder a la educación superior en cifras históricas, enfrentan una severa precarización laboral y un mercado de vivienda prohibitivo. Su permanencia en el hogar familiar no obedece a una supuesta «comodidad», sino a una asfixia material que imposibilita la autonomía y la consolidación de un proyecto de vida independiente.
A esta dimensión socioeconómica se suma una compleja configuración sociocultural. Asistimos a un escenario donde la hiperdigitalización y el dominio de las pantallas desde la infancia han mermado los espacios de socialización directa, permeando el desarrollo de habilidades socioemocionales. Esto ha moldeado cohortes que, con frecuencia, exhiben mayor fragilidad ante las adversidades cotidianas y un notorio debilitamiento en su capacidad de análisis crítico. Sin embargo, constatar este fenómeno no debe servir para estigmatizar, sino como un urgente llamado de alerta a la institucionalidad y a la sociedad civil.
Resulta urgente no minimizar ni abandonar a este grupo etario. Como país, tenemos el deber de fomentar la construcción de identidades propositivas; motivar a que los jóvenes desarrollen herramientas resilientes y deseen aportar activamente al desarrollo nacional. Poseen una agudeza vital frente a crisis como la urgencia climática o la salud mental, perspectivas que nuestra democracia necesita integrar de forma vinculante.
El desafío de Chile es abandonar el discurso que los encasilla como ciudadanos del mañana. Reconocerlos como protagonistas exige garantizar condiciones materiales dignas, nutrir su desarrollo socioemocional y redistribuir el poder de decisión. El futuro ya comenzó, y sus actores principales exigen ser validados y empoderados hoy.
Mg. Natalio Javier López Atala
Terapeuta Ocupacional











