¿Los adolescentes son el problema o parte de la solución?

ELPROA
El Diario de San Antonio

Cuando hablamos de adolescencia, se suele abordar desde los factores de riesgo como el consumo de sustancias, alcohol, embarazos precoces, violencia o problemas de salud mental, pero mucho menos frecuente es considerar la gran capacidad que tienen adolescentes y jóvenes para cambiar sus propias condiciones de vida y la de sus comunidades.

El periodo de la adolescencia es especialmente importante en el desarrollo de las personas, es donde se afianzan los hábitos y las costumbres que tendrán durante toda la vida. La neurociencia nos muestra la enorme plasticidad neuronal que hay en esta etapa, lo que quiere decir que los adolescentes pueden aprender y modificar sus conductas de manera muy efectiva y con una rapidez difícil de apreciar en otros períodos del desarrollo.

En la adolescencia ocurren importantes cambios neurobiológicos en los que sistemas relacionados con el aprendizaje, la recompensa y los vínculos sociales adquieren un papel especialmente relevante. Entonces, ¿por qué es importante comprender estos cambios? Es esencial ya que permite saber que tenemos una gran oportunidad. Los adolescentes pueden aprender cosas que los hagan sentirse más hábiles y competentes, y que a la vez refuercen las interacciones sociales con sus pares. Esto se logra, por ejemplo, ofreciendo oportunidades sistemáticas para que adquieran competencias como el autocuidado, la comunicación, el liderazgo, e incluso acciones de aprendizaje de primeros auxilios y participación social. Estas actividades les dan sentido de autoeficacia y se realizan en grupos, reforzando el vínculo con otros y el sentido de pertenecía.

¿Dónde podemos desarrollar y potenciar estos aprendizajes? En Chile tenemos una alta escolarización. La escuela es el principal lugar promotor de salud y bienestar para este grupo etario. La pandemia nos demostró que las escuelas no solamente proporcionan educación, sino que sus funciones van mucho más allá, abarcando la nutrición, protección y salud mental. Por esta razón es el lugar más idóneo para realizar acciones que fortalezcan las competencias de los adolescentes.

En este Día Internacional de la Juventud quizás uno de los mejores homenajes que podemos hacerles es no seguir hablando solo de los problemas, sino que comenzar a confiar en sus potencialidades e invertir en ellas, lo que significa, además, que no solo sean beneficiarios de acciones propuestas por adultos, sino que también participen en el diseño e implementación de políticas públicas y programas.

Cuando una sociedad entrega la posibilidad de que los jóvenes aprendan a cuidar de sí mismos y de los demás, se forman mejores ciudadanos, capaces de construir comunidades más saludables y solidarias.

Natalia Castillo Académica Escuela de Enfermería Universidad de Las Américas