Humo sobre el presente y el futuro

El humo de los ya más de quinientos incendios forestales activos en Canadá, de los que alrededor de doscientos permanecen fuera de control, ha invadido más ciudades estadounidenses, desde Nueva York y Washington DC hasta Texas y Luisiana. Las altísimas temperaturas alcanzadas en las últimas semanas en el medio oeste y el sur de EE.UU. han superado los 49 °C en algunas localidades cercanas al Golfo de México y han cobrado la vida de más de una docena de personas. Humo es lo que también nos venden los medios de comunicación que prevalecen por defender los privilegios de unos pocos. Eso explica la cobertura que la delincuencia tiene en los canales de televisión abierta.  Ya no nos muestran nada loable que pueda ocurrir en Chile. Solo crimen y tragedia. Las inundaciones matizan la razón del sufrimiento. Personeros de gobierno se corrompen, los ideales están para romperse, decide la ideología dominante sin esperar el veredicto de la justicia. Humo alimentado por el fuego de palos verdes del fascismo (el eufemismo de moda es ultraderecha). Curiosamente, la naturaleza humana aparece convocada a explicar la codicia y el dolo, mientras se apela desde otro polo a una humanidad más generosa y consciente de su dimensión comunitaria y de la protección de los suyos y del medio ambiente. Esta ha venido siendo torpedeada por el liberalismo económico (freedom, del inglés traducido en libertad) hasta reducir a la persona humana a su propia individualidad como si, en realidad, estuviera solo en el mundo (algo no tan difícil de llegar a conseguir en las urbes del mundo civilizado, no así en los pueblos y ciudades pequeñas como las que habitamos), evocando quizá un hundimiento patente en el que el reto de sobrevivir se palpa al grito de: ¡Sálvese quién pueda!
Pareciera haber un poder individual en sobrevivir entre los que pueden por sí solos, sobre aquellos que se reconocen vulnerables y así son capaces de formar comunidad. La civilización produce también, su incivilización. La policía de París asesina en la vía pública a un adolescente y desata la ira popular en toda Francia. Especialmente entre jóvenes similares a la víctima de diecisiete años, al que un policía le disparó en un semáforo por no detenerse. Tener rasgos árabes o morenos eleva la probabilidad de recibir un ataque de odio, incluso y quizás con mayor razón si conduces un Mercedes Benz. En cinco días las protestas se han esparcido por todo el país -en mi opinión, porque son muchos los jóvenes discriminados que se identifican con la víctima- movilizando a más de cuarenta y cinco mil policías que han detenido a más de dos mil manifestantes. El debate va desde el racismo de los franceses hasta considerar el hecho nefasto como un pretexto para que la turba salga a hacer desmanes. El Estado como siempre, condena la violencia popular y la asimila al terrorismo, pero no consigue deshacerse de su propicio racismo y busca limitar las políticas migratorias.
El auge de la ultraderecha en Europa ha traído nuevas restricciones y persecución a la comunidad LBGTQ+. En EEUU la Corte Suprema ha retrocedido en manos conservadoras limitando el derecho de las mujeres al aborto y finalizando con los cupos universitarios para las minorìas étnicas por considerarlo discriminativo contra los blancos. El propio presidente Biden se ha quejado de los últimos designios del Sistema Judicial de su país, declarando que “Esto no es normal. Este no es el espíritu de América.” Imagino que si el presidente chileno opinara sobre las resoluciones judiciales su conducta se consideraría antidemocrática e irresponsable. Del mismo modo el derecho a la libre expresión ha prevalecido sobre la no discriminación de la diversidad sexual, de este modo las personas pueden ser discriminadas en función de la libertad de otros para discriminarlos, en la tierra de la libertad.Entre tanto, España penaliza la reproducción asistida mediante un vientre de alquiler, incluso si se ejecuta en un país donde sea legal. Los derechos civiles peligran en una buena parte de Occidente, considerado el mundo democrático. Para el gran mundo cada uno es un pequeño bolsillo que produce transacciones (y un cerebro manipulable que elabora opiniones), pero en la vida diaria hay un ser consciente (o no lo hay) que busca vivir mejor para sí y para los demás y, esos demás hacen la diferencia.
Carlos Morgan