La Nave de los locos y locOnas: humor y memoria subversiva llegan a la Carpa Saltimbanqui de San Antonio

La historia del pueblo Selk’nam, el horror de los zoológicos humanos y una deuda histórica del Estado Chileno se escenifican a través de la sátira, la poesía y el arte circense.
La entrada a “La nave de los locos y locOnas” es liberada gracias al financiamiento del Fondo de Artes Escénicas 2025, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.
Este sábado 5 de julio a las 19:00 horas, la Carpa Saltimbanqui de San Antonio será escenario de un espectáculo teatral provocador y profundamente original. Se trata de La Nave de los locos y locOnas, la más reciente creación del dramaturgo, actor y director Andrés del Bosque, conocido por obras como Las 7 vidas del Tony Caluga. Esta puesta en escena, financiada por el Fondo de Artes Escénicas 2025, utiliza el humor, la sátira y el lenguaje bufonesco para abordar un capítulo  silenciado de la historia:el genocidio del pueblo Selk´nam y el horror de los zoológicos humanos.
Inspirada en los zoológicos humanos del siglo XIX, la obra explora cómo pueblos indígenas y cuerpos considerados “anormales” fueron exhibidos como curiosidades exóticas en circos, ferias y exposiciones universales. “La historia que nos contaron es que los Selk’nam se extinguieron. Pero eso no es cierto. No se extinguieron, se transformaron, se cruzaron, se reinventaron. Y nosotros recogemos esa paradoja y la llevamos al escenario: en esta obra, son ellos quienes traen de vuelta, en jaulas, a quienes los capturaron”, explica Del Bosque. “Es un acto de justicia poética, pero también de risa bufonesca. Porque lo hacemos desde el humor, desde el absurdo, desde el mundo del clown”.
La obra se inspira en el texto renacentista La nave de los locos (1494), de Sebastian Brant, una sátira sobre una barcaza llena de necios que navega sin rumbo. Pero en manos de Andrés Del Bosque, la nave se convierte en símbolo de quienes han sido expulsados y arrojados fuera de la historia oficial: indígenas, mujeres rebeldes, homosexuales, artistas y herejes. “Ese gesto fundacional —expulsar lo que no se comprende— es el mismo que recorre la historia colonial latinoamericana. Es el mismo que llevó a confinar, exterminar o ridiculizar a los pueblos originarios”, afirma el director.
La propuesta escénica traza vínculos entre la risa carnavalesca de las fiestas populares europeas —como la fiesta de los locos o festum stultorum— y el teatro de resistencia. “La sociedad como conjunto producía una liberación para ver el mundo al revés, para poder imaginar otro mundo posible”, comenta Del Bosque. Esa mirada subversiva, alimentada también por pensamientos de Humberto Maturana y Michel Foucault, cruza toda la obra, que reivindica la posibilidad de la metamorfosis: nada está condenado a un único destino.
El proceso de creación de La Nave de los locos y locOnas ha sido profundamente colectivo y comunitario. Ha contado con la colaboración de representantes de la comunidad Selk’nam, como José Luis Vásquez Chogue, para investigar elementos rituales como la ceremonia del Hain. En lugar de un guión convencional, el montaje se construye a partir de la improvisación, el juego físico y el poder evocador del lenguaje poético, con el uso de décimas espinelas, versos octosílabos y cantos populares. “Como decía Nicanor Parra, el verso nos une, la prosa nos divide. Apostamos por ese lenguaje sonoro, ancestral, que conecta con algo más profundo que el discurso”, comenta Del Bosque.
Entre los conceptos más potentes de la obra está el Wetiko, figura proveniente de la espiritualidad de los pueblos algonquinos. Es el “caníbal espiritual”, aquel que ha perdido la empatía y consume a otros por codicia. “El Wetiko no es un mito del pasado. Es una imagen del presente. El Wetiko es el colonizador que se alimenta de los cuerpos, de las tierras, de la cultura del otro. Es el empresario que convierte pueblos en recursos. En nuestra obra, mostramos a los verdaderos bárbaros como caníbales modernos. No los indígenas, como nos hicieron creer, sino los civilizados”, afirma el director.
En la Carpa Saltimbanqui, el público podrá ver a un elenco formado por artistas locales especializados en teatro físico, técnicas circenses y bufonescas. Sobre el escenario, encarnan personajes como Carl Hagenbeck, Julius Popper, Madame Behety o José Menéndez —figuras históricas ligadas a la explotación y genocidio del ueblo Selk´nam en la Patagonia— enfrentados a los cuerpos metamorfoseados de quienes fueron exhibidos como objetos. Son esos cuerpos sobrevivientes, pintados y vibrantes, los que ahora relatan la historia desde su propia voz.
Tras la función del 5 de julio en San Antonio, se realizará una instancia de mediación con el público, fomentando la reflexión colectiva sobre los temas que plantea la obra: colonialismo, racismo, memoria y justicia poética. La función es gratuita, con aporte voluntario.
“La risa es nuestra forma de resistencia”, concluye Del Bosque. “Queremos provocar carcajadas, pero también incomodidad. Que el público se pregunte: ¿quiénes han escrito la historia? ¿Qué memorias han sido enterradas? ¿Y cómo podemos recuperarlas desde el teatro, desde la escena?”.