“UN PUEBLO QUE NO LEE, ES UN PUEBLO FÁCIL DE ENGAÑAR”

ELPROA
El Diario de San Antonio

Cuando en Chile se habla de educación, enjundiosos artículos establecen que los estudiantes y personas en general no entienden lo que leen, criterios que se ventilan a los cuatro vientos. Hay que crear a través de la lectura, una ciudadanía, que busque un lenguaje que sea indagación y goce, que sea crecimiento.

Si el libro y la lectura son tan importantes, ¿Por qué falla su visibilidad? Una primera hipótesis la podemos concebir por las palabras de Ivonne Bordelois, poeta, ensayista y lingüista argentina. Ella señala “Para un sistema consumista como el que nos tiraniza es indispensable la reducción del vocabulario, el aplanamiento y aplastamiento colectivo del lenguaje, la exclusión del lenguaje, la exclusión de los matices – que muchas veces significa el olvido de los propios deseos – y sobre todo, la pérdida del sentido del goce y la lucidez que la lengua puede llegar a proporcionarnos. Por eso, la empresa consumista es enemiga frontal de la auténtica expresión lingüística, es enemiga frontal de la auténtica expresión lingüística, que exige libertad, Don de aventura y originalidad y desasimiento total de pautas exteriores para desplegarse en todo su esplendor.
Otro obstáculo es el costo y con él entramos a un tema recurrente: en 1976 se inicia en Chile el impuesto al libro. El IVA es un impedimento para la inserción de obras escritas en muchos lugares. Si queremos mejorar el acceso a los textos, debemos luchar por eliminar este tributo. Estamos en una posición de desmedro a los países de la región ya que ellos, además de no tener los libros gravados con IVA, mantienen una variada y excelente industria editorial. A la vez, los europeos cuentan con IVA diferenciado o cero para los libros.
En Chile, otro componente es la falta de visión – país de múltiples actores, que no estimulan la industria editorial variada ni la apoyan y, consecuentemente, hay carencia de librerías que, especialmente en regiones, son prácticamente inexistentes. Hay que dejar en claro que hay muchas editoriales pequeñas, pero los grandes consorcios han impedido su desarrollo.
Además, inciden la formación de hoy, el repertorio y la ausencia de lecturas informativas y literarias en la educación escolar. Influyen, a la vez, los tiempos personales enfrentados a una sociedad vertiginosa. Pero el desarrollo debe velar por una vida mejor con más espacio para el impulso del intelecto de la persona. El libro demanda tiempo en un mundo apresurado, marcado por el dilema de cada día, hay que dejar un espacio para “el ocio manso del alma”, que es una muestra de discernimiento importante en la época que vivimos.
En el siglo XX asistimos al desarrollo de la radio, el teléfono, el cine y la TV como formas ve comunicación socializada rápidamente. Y en el campo tecnológico existen variados medios de comunicación y diversas formas de lectura. Pero quiero insistir en que, a pesar de la inmediatez de los medios, el libro, ese de papel gastado o nuevo, ese de diversas encuadernaciones, ese que se puede tocar y oler, ese de tipografía radical, debe estar más presente. Sin la lectura, no podemos conocer en profundidad el mundo en que vivimos. El libro debe retomar su rol medular para seguir siendo el gran organizador, el que nos da pleno goce, el que nos entrega elementos de análisis del devenir humano.
Pedro Cruz